Posted by tallerdecronicarenata
at 01:42 PM on June 03, 2009
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Por Nelson Octavio Martínez (nnoomz@gmail.com)
Lunes 4 de mayo de 2009, Arborizadora Baja, Ciudad Bolívar, Bogotá
Estoy invitado a hacer una reseña sobre un espectáculo cómico- taurino. “A eso de las 10 salimos”, me dijo Ezequiel “Curro” Vargas que se hace llamar Tin Tin, y es el director. Ya son las 11 y aún no llega el transporte. Es mi primer encuentro con los artistas. Entre los miembros del equipo hay una serie heterogénea de personas: Acróbatas, bailarinas, los de logística y los enanitos toreros. Es la primera vez que veo a Batman aunque todavía no sé que él es Batman.
Llega el carro. Es una pequeña buseta de tipo escolar, en la que los enanos empiezan a mostrarse extrovertidos y en confianza, ubicándose en la cabina y en los primeros puestos. Vamos con rumbo a La Vega Cundinamarca; para las ferias y fiestas.
Aparece una botella de cuarto de aguardiente que se rota “para calentar la sangre”, como me explicará más tarde Abelardo, un acróbata que supera los 1,75 y es el más alto de la comitiva. A su lado está Carlos, el otro acróbata. Es joven y mide 1,65. En todo el camino no hace más que reír y conversar con Yesica, una esbelta y juvenil mujer de raza negra. Ella es una de las bailarinas. En ese momento solo llama mi atención por su belleza.
La pancarta de cerveza anuncia “Ferias y fiestas, La Vega”. Nos ubicamos en una zona aledaña al municipio, donde se ha construido una plaza metálica con tribunas de concreto. Llegamos y empieza a evidenciarse el carácter de estrellas de los enanos. Su presencia causa sensación.
La mayoría de los hombres que llegan al festejo lucen sombreros. Algunos, prominentes barrigas. Los niños que no están de uniforme tienen camisas sencillas de tela y pantalones de jean. Hay unos 25 grados centígrados de temperatura. Noto que nadie lleva chaqueta a excepción mía. La guardo en mi maleta y me siento más a gusto: estoy entrando en situación.
Viene una ronda de juego de pelota entre Batman -aún de incógnito-, los enanos, los niños y algunos adultos del lugar. Se juega al bobo… El bobo más reincidente es el fotógrafo de pueblo, que olvida su trabajo para correr afanosamente y con poca fortuna tras el balón. Batman lo disfruta bastante, sigue muy contento: aún no aparecen los villanos.
Después, empieza El show.
“¿Donde está Tin Tin?” pregunta el animador local… “Tin Tin, empecemos que ayer nos llovió a esta hora”. El día no parece amenazar lluvia, pero el hombre insiste: “Tin Tin, agilicemos”.
Al fin llega Tin Tin y los enanos entran a hacer su paseíllo comandados por Marcela –mujer del director/payaso-. Ella lleva la bandera de Colombia. Le acompañan otras dos bailarinas: Gloria y Yesica que sobresale por ser la más espigada de las tres.
Y mientras tanto, atrás de la barrera, Carlos ha adoptado su personalidad de Batman. Un Batman sin máscara, pero con traje negro y el inconfundible logo del murciélago, sacado más de la serie “Batman del futuro” que de las películas de Joel Schumacher o de Tim Burton. Este personaje luce muy joven si tenemos en cuenta que apareció por vez primera en Mayo de 1939 como creación de un dibujante de 22 años llamado Bob Kane y de un guionista de 25 llamado Bill Finger.
Carlos, el acróbata que ahora calienta sus músculos en La Vega (Cundinamarca), con sus escasos 20 años, podría ser más bien Robin, el otro personaje del “dúo dinámico”, que ha dado mucho de qué hablar y que en principio se llamó Dick Grayson, cuando apareció en el número 38 del cómic por allá en abril de 1940. Luego sería reemplazado por Jason Todd, un rebelde compañero del murciélago, que causó tanta polémica, que en 1984 se decidió en una votación telefónica de los lectores, que debía morir. Gracias a esa decisión, Todd muere a manos del Guasón que lo mata a golpes con una barra de hierro. Para los que se impresionaron con el sombrío Guasón del actor australiano Heath Ledger en el cine, éste, de hace más de 20 años, podría ser aún más perverso. Menos conocido es que, posteriormente, hubo otros Robin: un muchacho llamado Tim Draque, y dos mujeres: Stephanie Brown, despedida por no seguir las órdenes de Batman –y que murió intentando probar su utilidad al hombre murciélago- y Carrie Kelly que apareció en el célebre cómic de Frank Miller “El regreso del señor de la noche”.
Pese a los tropiezos, el gótico héroe siguió adelante y ahora está ante mis ojos en la Vega, donde se prepara con Tin Tin el payaso y Abelardo, el otro acróbata. Este último toma la personalidad de Super-Tin Tin -otro personaje básico en el show y que en ocasiones es representado por algún enano o por el propio Ezequiel-, con calzón y capa rojos, un traje blanco, y una T sobre un pentágono amarillo. No es extraño ver en un mismo escenario a Batman enfrentado a Supermán como sabe cualquier seguidor de la historieta.
Luego salen a presentarse en pleno: los héroes, los payasos, las bailarinas y los enanos. Todos corren hacia el público.
Un sistema de sonido inalámbrico permite que Tin Tin vaya comentando lo que sucede.
Sueltan la primera vaquilla y Super-Abelardo, que en el bus llevó todo el tiempo unas gafas oscuras, la enfrenta. En el quinto envite de la res, es arrojado al piso. Se descompone su blanco traje. El animal le arranca la capa, lo ensucia de arena y lo deja momentáneamente rengo.
“¡Esta vaca me está fomentando el desorden!” dice el payaso Tin tin, que le hace un quite sin necesidad de capa. Luego Batman la torea en redondo dando casi tres giros, lo que arranca aplausos del público.
Entonces Comienza a lloviznar.
En la tribuna hay gran agitación por la lluvia, poca gente presta atención al ruedo. Un vendedor, sacando capotas de la nada, empieza a venderlas a 1000 pesos. Busco la sombrilla en mi maleta y sigo observando.
Súper Abelardo corre hacia la vaquilla y cuando ésta lo embiste, salta por encima. Debido a su estatura, Abelardo hace parecer fácil el salto: se lanza sobre la novilla y cae en las manos dando un giro en el piso.
Ahora es Carlos-Batman el que lo hace. Como es de menor estura, la maniobra se ve más riesgosa.
Los encargados, mientras tanto, cubren como pueden, las torres de sonido con grandes plásticos negros.
Batman sale en plena lluvia con dos palos de unos 2 metros de longitud, parecidos a las picas que se usan en el toreo serio, y los levanta como si fuera a banderillear con ellos a la novilla. Cita a la res que lo mira desconfiada… cuando la vaca embiste, Carlos-Batman se levanta sobre los dos palos como garrochas y en el aire choca sus talones, generando gran emoción en la gente que ya ha asumido que lloverá más duro y se resigna a ello.
Batman corre y se refugia en el burladero.
Sale súper-Abelardo con la muleta, una tela de menor tamaño que el capote. La cita con la mano derecha en un pase cambiado… repite el pase 5 veces más. Posiblemente el hecho de pasarla por la izquierda de su cuerpo tenga que ver con el pitón caído del animal, que ofrece menos riesgo. Luego da una tanda de 4 muletazos más y termina, ayudándose con las dos manos y saludando al público. Entonces pasa la muleta a Batman.
Entre tanto, Tin Tin el payaso la cita e intenta esquivarla, pero ella lo alcanza a levantar de las posaderas. Él la golpea con el sombrero, mientras le dice a Batman: “¡ayúdeme… me metió medio cacho!”
Batman le hace entonces pases por ambos pitones. Al citarla por la derecha la novilla desarma a Batman, que luego recupera la muleta del piso y tras un pase, trata de tomarla de los cuernos. Lo intenta una vez más y falla.
Súper-Abelardo sale y logra atraparla por la cola, ella lo patea o al menos lo intenta. Arrastrado por la pista hecha un lodazal, pareciera hacer esquí acuático. Batman se pone en frente y la toma de los cuernos; entre los dos la retienen y luego, Super-Abelardo la cabalga invertido, mirando para atrás.
Batman la suelta y Super-Abelardo intenta tumbar la vaquilla solo. La gente grita. Batman empuja la res pero no cae y en vez de ello, lo embiste. Super-Abelardo no suelta la cola y lo vuelve a arrastrar. Tin Tin, mirándolos, dice: “¡Hasta a mi me da risa!”.
Finalmente y con ayuda de Rasquiñita, otro payaso representado por el hermano de Ezequiel, logran tumbar al animal. Recuerdo entonces que cuando le pregunté a Ezequiel-Curro-Tin Tin sobre el posible maltrato a la res -tumbar la vaquilla, halarle la cola, forzarla -, me dijo que en el campo se hacen faenas similares con las bestias: marcarlas, herrarlas, etc.
Tin Tin, ríe viendo la escena y dice: “¡Todo lo que pase aquí con el barro no estaba en el libreto; la cagada que se están pegando es de verdad!”. Y es cierto, todo lo que pasa allí es real.
Posteriormente, la vaca es sacada para los toriles a física fuerza y se realiza el show de los enanos vestidos de presos.
Sueltan otra vaquilla, pero ahora los protagonistas han cambiado sus trajes: Carlos ya no es Batman sino que viste de payaso. Tiene un chaleco negro y un gorro alto. Es como si Batman se hubiera trasfigurado en el ya mencionado Guasón o el Joker, como también se conoce a éste, el principal antagonista del héroe, que apareció por primera vez en las aventuras de Batman, en la primavera de 1940.
La lluvia no amaina, más bien se fortalece. La res, un poco más pequeña, es igual de acuciosa. Rasquiñita trata de hacerle un pase de rodillas pero se arrepiente. La torea en redondo, pero cuando intenta girar el cuerpo de nuevo, lo levanta y le da un revolcón quitándole el capote. Aparece Abelardo a ayudar: ahora es un payaso de pantalón, chaleco y sombrero azul. Carlos- Guasón recoge el caído capote y luego corre. Salta la barrera cerca a los bomberos que están de chompa amarilla en el callejón, sus movimientos tratan de ser más graciosos… debe parodiar el miedo que siente.
Luego salen Carlos-Guasón y Abelardo que tomados de ambas manos, citan a la vaca. Cuando intenta cogerlos, se impulsan uno al otro para dejarla pasar en medio. Lo hacen dos veces y en la tercera la emprende solo contra Abelardo que debe huir. Carlos-Guasón atraviesa el ruedo en una carrera frenética delante de la vaca. Va al burladero, pero con tal premura, que parece haber golpeado su cara contra las tablas. En este punto es difícil distinguir la parodia de la realidad, aunque la gente a mi alrededor coincide en decir que se pegó duro.
Abelardo y Rasquiñita se dirigen a la vaca. La sostienen pero los lleva a rastras por todo el ruedo… Carlos-Guasón también la toma de la cola y Abelardo se aferra con fuerza a los cachos… Mientras tanto, al margen del espectáculo, al lado del camerino, los enanos se dedican a jugar en el lodo. La idea según entiendo: es acabar de embarrar al que esté menos mojado.
Así termina esa faena. Tin Tin congrega a todos al centro del ruedo y reciben un sonoro aplauso.
Ahora salen dos de los enanos con capotes acordes a su tamaño.
Tin Tin dice “¡listo, alístenme el toro que mató al caballo ayer!”…
Tras de unos peligrosos eventos donde se nota el riesgo mayúsculo de las personas con acondroplastia corriendo frente a una res y en las que uno debe decir sinceramente con Tin Tin: “menos mal que la vaca no tiene puntería”, viene otra faena de fuerza.
Rasquiñita sujeta a la vaca de los cachos y sin ninguna ayuda logra arrojarla al piso. Carlos-Guasón le ayuda y los enanos en grupo corren a subirse en ella y hacen mofa del animal caído.
Abelardo va a sostenerle la cabeza. El animador pide un aplauso, que resulta generoso. Los enanos se alejan y cuando sueltan la vaca, ésta patalea patas arriba y golpea a Carlos-(Batman)- Guasón en el cuello. Éste, se aleja tambaleante hacia el tablado.
Para asegurarla, nuevamente la sostienen de cabeza y cola.
Mientras tanto, parece que Carlos se ha desmayado. Los bomberos de amarillo, lo llevan por el callejón, y el animador solicita “la ambulancia y la camilla rápido, por favor”. Es la última vez que vemos a Carlos en el ruedo. Los enanos explican a Tin Tin lo ocurrido e intentan ayudar a halar al animal desde atrás, pero es virtualmente imposible por el estado del piso.
Más tarde, Ezequiel-Curro-Tin Tin dirá: “un día de estos me va tocar desmayarme a mí, cuando más me necesiten”…
Reviso la grabación y veo caminar a Carlos un poco turulato… tras el golpe. Ya no es Batman o el Guasón, es un hombre que sufrió un accidente de trabajo.
Esa mañana, Carlos- Batman: había llegado sonriente luciendo su chaqueta deportiva tipo “adidas” y un andar descomplicado. Se mantuvo la mayor parte del tiempo, hablando con la morena de gatunos movimientos. Reflexiono sobre ello y concluyo que Yésica en ésta fábula, puede ser la Catwoman de nuestro Batman, pero con la particularidad de ser negra, como Eartha Mae Kitt, la actriz, cantante de jazz y estrella de cabaré de nacionalidad estadounidense, que representó a Selyna Kyle en la serie de televisión Batman de los años 60. Catwoman o Gatúbela apareció en Batman 1 (año 1940), aunque no tenía disfraz y se hacía llamar The Cat. Allí era una ladrona de joyas. Derivaba su nombre Selyna, de la deidad lunar Selene y como referencia a la palabra "felina". Con ella se buscó una Némesis, que además generara interés romántico para el héroe. También debía ser voluptuosa. Así se buscaba incentivar el número de lectores adultos: mujeres y hombres. Fue la misma estrategia de la creación de Robin: en ese caso se pretendía que la historieta tuviera más público infantil.
Al verlo desaparecer llevado por los socorristas, recuerdo que en la mañana, Carlos mencionó que había sufrido algunos accidentes en el ruedo pero que eso no le afectaba, que allí todos sentían miedo, pero lo controlaban.
Cuando los enanos se retiran. El animador dice “no ha pasado nada… Vamos a hacer una cosa: ¡vamos a soltar la vaquilla para el público!”.
Luego de las muchas muestras de miedo y pocas de arrojo por parte de los lugareños, viene el show musical, donde Ezequiel canta alternadamente sobre cuatro caballos y hace gala de su adiestramiento. Con esto termina el espectáculo.
De vuelta a la buseta, Abelardo ya sin el super-traje ni sus gafas oscuras, saluda un poco distante. Está con algunos tragos en la cabeza. El vehículo se ha vuelto el camerino de todos. Atrás las mujeres se cambian. Hay un gran ajetreo.
Mucho más tarde, llega Carlos todavía maquillado de Guasón. Algunos le preguntan qué pasó. El no quiere hablar, se le nota triste y aburrido. Descubre que no le han traído su maleta, ni se muestran muy interesados en su comodidad. Le molesta dicha apatía y dice que “dejen así”. Cada uno está en su cuento. En su mayoría, los hombres enanos están pasados de tragos, mientras que ellas parecen no haber tomado mucho.
Estamos en ferias, prácticamente todo el que se les acerca, les ofrece licor.
Embriagarse es una costumbre bastante popular. Ocurre después del juego de fútbol de barrio o hasta de un entierro. No me sorprende que los que se han jugado la vida, también lo hagan.
Saliendo del pueblo, Ezequiel-Tin Tin invita pollo para todos, incluido el cronista.
Rasquiñita, que está muy ebrio, me pasa el brazo sobre el hombro y refiriéndose a sus compañeros de labor me dice: “Yo sin ellos no soy nada. Ellos son una parte mía y yo una de ellos”. Entonces alguien pregunta por Carlos. Nadie había notado su ausencia. Finalmente tras una breve búsqueda, dicen que está durmiendo en el bus.
Pienso entonces en la tristeza de Batman y creo que es inherente a su papel. Es un ser íntimamente resentido, cuya motivación es la venganza. Es un héroe que está demasiado cerca de ser un villano. Si perdiera ese carácter, perdería su encanto, que es como la tristeza de Humphrey Bogart en Casablanca: irremplazable.
Carlos, probablemente se haya recuperado.
Es la paradoja de un oficio en que se busca hacer reír jugándose la vida. Quizás se vuelva a poner ese fatídico traje de Batman o de Guasón que son como las dos caras de una moneda. No lo sabrá tal vez, pero fue un perfecto Batman: trágico e infeliz.
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